lunes, 9 de enero de 2017

LA COLINA

Bebíase entera la negritud
de la noche.
Ni una sombra de nube
pacía en su espesura.
No sé por qué soñamos, siempre,
el mismo sueño:
el patético canto del buchón;
las hojas de los chopos, dándonos
las últimas horas de un otoño
que parte hacia el invierno.
Me pregunto quién —aparte de nosotros—
habita esa colina.
Quién la nombra.
Quién la hizo suya,
por un par de versos...
Es nuestro: el recio sonido
de los lomos de los pinos;
el bosque de robles
y el posible aquelarre;
el enhiesto colmillo
del jabalí que busca
en la embestida del hayal los frutos.
Ángeles custodios vendrán
a repartir nuestros tesoros
entre columnas de castaños,
templos de nogales,
coros de manzanos,
frisos de avellanos.
El poder, amigo mío, el poder...
nosotros también lo hemos conocido.
¡A qué negarlo!
Aún nos intimida el verso
que nos da la vida...
Y esa luna, atrapada entre los pinos.

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